Julián tiene 44 años, es almacenero en la ciudad de La Plata, un humor característico lo ayuda a tratar con los diferentes ánimos que entran por la puerta a diario. Eventualmente, expone de manera casual alguna situación que lo hace replantearse las políticas que se llevan a la práctica a nivel nacional y provincial.

Julián prefirió no dar datos personales sobre su familia, pero son la representación de muchas personas que sufren por este problema.

El vecino, al que todos asisten en busca de una charla trivial para cortar con la rutina y acceder a algunos productos, tiene un hermano que es difícil de controlar, un hermano que tiene problemas de salud mental. El hermano de Julián tiene esquizofrenia, fue diagnosticado a sus 20 años luego de un episodio que vivió con su madre.

Desde hace 20 años, la familia vive en un constante desequilibro por los ataques que puede llegar a sufrir el más chico, dado que en cuanto siente que su situación psíquica empieza a mejorar opta por dejar la medicación sin consulta previa. La asistencia al tratamiento psiquiátrico al que tiene que ir al menos una vez por mes para que le receten la medicación, depende puramente de su voluntad.

La situación económica es otro condimento que contribuye con esa inestabilidad constante que atraviesan, dado que el precio de los medicamentos es realmente alto. «Con el tema del aumento del dólar y la falta de cobertura médica es muy difícil costear todos los medicamentos, y nosotros tenemos obra social, pero hay gente que ni eso tiene», señaló Julián.

«Siempre vivió con mi vieja, no se puede mantener solo porque hay días que no le pinta ir a trabajar y no va», comentó el almacenero y destacó que su hermano intentó tener un trabajo en relación de dependencia pero al poco tiempo de ingresar lo perdió, porque faltaba. Si bien, el malestar general en la familia suele ser recurrente «hace mucho que no tiene una recaída», comentó.

«Las recaídas son todo un tema, porque si llamás a la policía no pueden tocarlo, no saben cómo hacerlo, no están capacitados para eso los policías», explicó Julián. Y recordó que «la última vez, estaba sacado y muy enojado con mi vieja, yo no lo podía parar, llamé a la policía y me dijeron que no podían hacer nada porque no lo podían tocar». Según detalló, la Ley de Salud Mental deja en manos del paciente la decisión de ser internado, lo cuál genera más complejidades en el tratamiento; y tampoco las situaciones de tensión pueden ser consideradas motivos suficientes para que los internen.

El último caso, que trascendió a los medios de una manera polémica, fue el de Chano Charpentier, quién a mediados de 2021 sufrió un brote y estaba tan alterado cuando fue abordado por efectivos policiales que terminó con un disparo en el estómago. La falta de capacitación de la policía ante estos casos puede ser uno de los datos más alarmantes, dado que no hay un patrón de reacción que se pueda anticipar para hacer el intento de contener a una persona que tiene un brote.

Otro de los casos que también tuvo difusión mediática fue el de Felipe Petinatto, quién apareció en los medios en este 2022 por un incendio que se produjo en su departamento y en el que falleció un médico amigo que estaba en el interior. Los resultados de las pericias en ambos casos son confusos dado que la inestabilidad mental de las personas es un factor fundamental que incide en los hechos y esos desequilibrios suelen provocar desenlaces caóticos.

«El abandono de las personas que sufren problemas psiquiátricos por parte del Estado es realmente alarmante», sostuvo Julián quién además mencionó que en las internaciones que consultó para evaluar las posibilidades de su hermano, son «tristísimas». Según contó el almacenero, la medicación constante en esos espacios es alarmante y las posibilidades de «reinserción son nulas».

Existen en la Argentina algunos intentos de introducir mejoras en los tratamientos para los pacientes psiquiátricos, pero la realidad es que no dan los resultados esperados; y el malestar en la sociedad se incrementa. Tal vez la situación económica del país no sea la mejor para atravesar estas patologías, pero tampoco esa explicación sirve como atenuante para que el Estado se desentienda mientras dice estar preocupándose por estos temas delicados.