La ciudad balnearia por excelencia de la Costa Atlántica es visitada cada temporada por miles de turistas. Aún quienes no conocen la “Feliz” seguramente pueden nombrar algunas de sus conocidas playas, el casino, el edificio Havanna o la rambla. Pero existen otros lugares no tan conocidos y no por eso dejan de ser atractivos, tanto para los turistas como para los locales.

La casa donde nació Astor Piazzola

Ástor Pantaleón Piazzolla fue un bandoneonista y compositor argentino considerado uno de los músicos más importantes del siglo XX​​ y uno de los compositores más importantes de tango en todo el mundo

Para quienes recorremos la ciudad diariamente, puede pasar casi desapercibido que en Rivadavia 2527 hay dos placas de bronce que recuerdan que allí nació el gran músico argentino. Una de bronce que fue colocada en 1996 cuando Astor hubiera cumplido 75 años y otra de mármol, que data de 2009 al cumplirse un nuevo aniversario de su nacimiento. 

Por supuesto que el paso del tiempo reformó por completo la fachada de lo fue la casa de los Piazzola. En el lugar, actualmente se encuentra un centro comercial. Ahí pasó sus primeros 4 años de vida, quien con el tiempo se convirtió en uno de los músicos contemporáneos más innovadores y reconocidos en el mundo. Aunque seguro que cuando pasamos por el lugar prestamos más atención a los precios de las tiendas que a ese pedazo de historia de nuestra ciudad.

Playa «La Escondida»: disfrutar del mar como Dios nos trajo al mundo

Se inauguró el 15 de febrero de 2001, en la gestión de Elio Aprile como intendente y Carlos Patrani como director del Ente Municipal de Turismo (Emtur)

El balneario se encuentra a unos 25 km del centro de Mar del Plata, ubicado a uno de los márgenes de la ruta 11, a una hora del centro de la ciudad y a 15 minutos de Miramar.

Fue inaugurado hace más de veinte años por iniciativa de la Municipalidad de General Pueyrredón y el acceso es gratuito. La playa cuenta con algunas reglas sencillas para sus visitantes y aunque el desnudo no es obligatorio, es el atractivo central de ella.

Es la primera playa naturista del país, donde se puede disfrutar un ambiente agreste con dunas y acantilados. Cuenta con una arboleda que le da una mayor intimidad al lugar. A diferencia de la Playa Querandí de Villa Gesell, la cual no cuenta con baños ni construcciones cercanas, La Escondida cuenta con una infraestructura pensada para atraer al turismo.

También incluye buffet, duchas, baños, guardavidas, alquiler de sombrillas y reposeras, y un VIP con pileta y servicio de masajes. El ingreso a la playa es libre, sólo hay que abonar el estacionamiento. Sin dudas, es el lugar elegido para aquellos que deciden tomar sol al desnudo.

La Cabaña del Bosque, una mágica casa de té escondida entre árboles

Funcionó como residencia del matrimonio Moran de Francisco

Ubicada en el bosque Peralta Ramos, es una reserva forestal en las afueras de la ciudad. Ofrece diferentes tipos de infusiones y tortas para disfrutar de ricos desayunos y meriendas.

Es el lugar ideal para visitar cuando lo que se busca es  tranquilidad, sobre todo en los días que el clima no acompaña para disfrutar de la playa. Rodeada de un hermoso entorno natural. Es un lugar considerado histórico, aunque poco conocido por los turistas e incluso por muchos marplatenses.

Rodeado de un entorno natural impresionante, el histórico local ofrece más de 40 variedades de té y distintas propuestas innovadoras, a sólo minutos del centro de la ciudad. Adentro todo es perfecto y se combina con la perfección y buen gusto de su particular arquitectura y decoración del lugar: vajilla variada, cubiertos antiguos y de diseño.

Es una de las joyas ocultas de Mar del Plata, digna de conocer.

La Gruta de Lourdes

Es una réplica casi exacta de la auténtica en Francia

Comenzó en 1937 con la donación de una manzana de terreno por parte del Dr. Norberto F. Peralta Ramos a las Pequeñas Hermanas de la Divina Providencia. Este lugar estaba cerca del Colegio «Inmaculada Concepción» que atendían las mismas Hermanas, circundado por las calles 12 de Octubre, Don Orione, Magallanes y Elisa Alvear de Bosch. Este terreno había sido convertido en cantera de donde sacaban piedra para la construcción. El proyecto y la ejecución estuvieron a cargo del conocido arquitecto Luis Cossa.

La gruta es réplica casi exacta de la auténtica en Francia, con el Vía Crucis de la entrada a la izquierda y los misterios del Santo Rosario a la derecha. Ambos culminan en la Capilla que preside la imagen coronada de la Santísima Virgen. Está implantada sobre la antigua cantera y rodeada de vegetación. En la parte superior se encuentra el Oratorio San José, la Santería, la Iglesia y una réplica a escala de las ciudades de Belén y Jerusalén. En la gruta propiamente dicha se ubica la Capilla al aire libre.

Uno de esos lugares que merece una visita.

La Copelina, agua mineral con mucha historia

Fue fundada por los hermanos Gionocchio, al pie de un cerro de 200 metros de altura en Sierra de los Padres. Su principal promotor fue el médico catedrático Manuel V. Carbonell, quien publicitaba el agua del manantial como terapéutica y medicinal.

El agua de aquel manantial no solo era “bacteriológicamente pura” y “débilmente alcalina” sino, y sobre todo, “acentuadamente radiactiva”, según las pautas publicitarias de la época. Se decía que el agua de La Copelina, envasada en botellas de vidrio verde, en su planta modelo instalada en el medio de un paraíso de sierras y praderas, surgía de una “fuente radiactiva con 26,2 unidades mache por litro”.

Como se creía en los años 30 y 40, con estos parámetros bioquímicos, “facilita la digestión estomacal, regulariza la funciones del hígado y aumenta la secreción urinaria, realizando un verdadero lavado del organismo”.

El tema de las radiaciones estaba en auge por sus potencialidades curativas, desde que la científica Marie Curie descubriera el elemento químico radio y acuñara el término radiactividad. La palabra empezó a tener mala prensa a partir de 1945, cuando Estados Unidos arrojó dos bombas atómicas sobre Japón.

Se cree que esta fue una de las razones del ocaso de La Copelina, cuyo negocio para los años 50 comenzó a tambalear, lo cierto es que todas las aguas minerales de la época solo tuvieron que cambiar la etiqueta, tras lo cual siguieron funcionando. Después de todo, aquella radiación natural no curaba, pero tampoco hacía daño a la salud.

Muchos piensan que el cierre y posterior decadencia de La Copelina, a mediados de los años 60, se debió en parte a otro mito de la época: un oscuro pasado de posguerra, cuando se habría convertido en un refugio de alemanes nazis que buscaban escapar de la justicia.

Lo cierto es que la familia dueña del predio decidió cambiar de rubro y poner todos sus esfuerzos en la industria agropecuaria y así el sitio poco a poco fue cayendo en la ruina.

Las ruinas de La Copelina son hoy objeto de culto para exploradores de sitios abandonados. Aunque es un predio privado, algunos aventureros que llegan hasta el lugar han conseguido entre las ruinas alguna botella de vidrio verde con la leyenda en sus etiquetas: “Agua mineral de fuente radiactiva”.

Mar del plata no es sólo mar, playa y casino. Cuenta con lugares para todos los gustos, solo es cuestión de descubrirlos.