por Pablo Tallón (NA)

El Día de la Patria que se celebró en medio de la Guerra de Malvinas no pasa desapercibido para la historia, ya que aquella jornada marcó un quiebre para la Fuerza Aérea en el conflicto bélico y tuvo como hecho destacado el hundimiento de un poderoso destructor británico en una «misión superlativa».

La fría mañana de aquel martes 25 de mayo de 1982 en la Base Aérea Militar (BAM) Río Gallegos hubo una formación, se cantó el himno, se gritó un fervoroso «viva la Patria» y cada uno continuó con su tarea. A pesar de que se celebraba una fecha importante en el calendario argentino, el hecho de estar en medio del conflicto bélico obligo a que no se demorara lo establecido en la planificación.

Tras el breve recuerdo de la gesta de mayo de 1810, una formación de cazas despegó desde la base santacruceña rumbo a las Islas Malvinas. El líder de la cuadrilla era el capitán Hugo Palaver, quien tenía el objetivo de atacar buques británicos. En aquella jornada, el piloto cordobés fue atacado al norte de la Isla Borbón y debió eyectarse, aunque ese recurso no le salvó la vida.

Similar suerte corrió el mendocino Jorge García, quien en la misma misión sufrió desperfectos técnicos y fue alcanzado por un misil británico. Ambos fueron víctimas del «piquete de radar» que realizaban el destructor Coventry y la fragata Broadsword al norte de Gran Malvina.

Los cuatro pilotos que coronaron la hazaña el 25 de Mayo de 1982: de izquierda a derecha, el capitán Pablo Carballo, el alférez Jorge Barrionuevo, el teniente Carlos Rinke y el teniente 1ro. Mariano Velasco.

Con la misión de desbloquear ese cerrojo mortal realizado por los buques británicos, desde el continente partieron seis aviones Skyhawk A-4, pero pocos minutos después dos de ellos, piloteados por Leonardo Carmona y Carlos Osses, debieron regresar por problemas técnicos: en el aire quedaron las aeronaves conducidas por Pablo Carballo, Carlos Rinke, Mariano Velazco y Jorge Barrionuevo.

Los dos primeros partieron armados con bombas de 500 kilos, mientras que los dos últimos lo hicieron con otras de 250 kilos: hasta el momento, la Fuerza Aérea utilizaba las de mayor peso.

«Hasta ese día, atacábamos, pero no le hacíamos nada a los barcos. Era porque usábamos el armamento inadecuado: las bombas de 500 kilos atravesaban los barcos, pero no explotaban. Ese 25 de mayo probamos las de 250, que tenían espoletas más rápidas», explicó «Bam Bam» Barrionuevo a la agencia Noticias Argentinas. El santafesino tenía apenas 24 años en aquel entonces y sólo 150 horas de vuelo: los más experimentados rondaban las 500.

Sabiendo que al norte de la Isla Borbón se había desplegado el piquete antiaéreo británico, las cuadrillas de la Fuerza Aérea realizaron un vuelo rasante 10 metros arribas de las aguas heladas del Atlánticos Sur a una velocidad de casi mil kilómetros por hora.

Al divisar a las embarcaciones enemigas, los Skyhawk argentinos se elevaron y descargaron todo el armamento, no sin antes ver cómo pasaban los disparos desde el destructor Coventry y la fragata Broadsword.

«Un misil pasó por arriba de nuestras cabezas. Fueron 10 segundos eternos. Recuerdo dos explosiones azules y una blanca en el medio de la formación (por un lado iban Carballo y Rinke y por el otro, Velazco y Barrionuevo)», contó el oriundo de Rufino.

El audio de los intercomunicadores fue el escenario de la algarabía de los aviadores. «Pegaron las tres (bombas)», celebró Barrionuevo, quien luego recibió la felicitación de Carballo: «¡Vamos, pendejo, vamos, pendejo! ¡Viva la Patria, gringos de mierda!».

El buque británico envuelto en llamas por el impacto de uno de los aviones argentinos.

La destreza de los pilotos argentinos tuvo su fruto: el Coventry fue gravemente dañado y a los 20 minutos se hundió; mientras que la Broadsword resultó averiada. Desde un pequeño puesto militar en tierra, un grupo de guardias argentinos pudo ver toda la situación y rápidamente dio aviso a Puerto Argentino, desde donde se comunicó el logro al continente.

Al regresar a Río Gallegos, los cuatro «halcones» fueron recibidos en la Base Aérea como lo que son hoy en día: héroes. «Nos saludaban con banderas, con gorros, con lo que tenían. Yo pensaba que era por el 25 de Mayo y porque habíamos vuelto los cuatro, porque en mar abierto la posibilidad de derribo es alta», rememoró Barrionuevo.

A pesar de que aquella historia lo ha hecho uno de los grandes protagonistas del desempeño de la Fuerza Aérea en la Guerra de Malvinas, el santafesino prefiere contar «rápido» ese episodio en cada oportunidad que tiene, para priorizar la mayor parte del tiempo recordando a sus compañeros caídos en combate y hablar de las familias que perdieron a un ser querido.

Un periódico inglés graficó así el hundimiento del HMS Coventry, el 25 de mayo de 1982.

«A mí me tocó hacer una misión superlativa, pero ésos héroes me animan a hablar», subrayó «Bam Bam». Y agregó: «Hacer conocer a la sociedad lo que vivimos en Malvinas y los compañeros que cayeron es una responsabilidad profesional y una obligación moral».

Aunque el criado en Rufino, en el seno de una familia humilde, es un héroe de guerra, sólo estuvo unas horas en el archipiélago ocupado por el Reino Unido desde 1833: «Fui el 26 de abril. Estuve unas horas y me volví (a Río Gallegos)».

A 40 años de la hazaña que lo tuvo como protagonista, Barrionuevo aclara que no piensa volver a pisar esas islas hasta que no estén bajo dominio argentino otra vez: «No pienso ir para entregarle mi pasaporte para que los británicos lo firmen y le pongan un sello».