Por Emiliano Rodríguez (*)

Buenos Aires (Especial de NA).- «Sólo en la República Argentina», podría titularse la crónica de lo sucedido el pasado jueves en la ciudad de La Plata, donde la vicepresidente Cristina Kirchner, en ese momento al frente al Poder Ejecutivo nacional, montó un acto de carácter opositor a su propio Gobierno y habló ante una multitud, tras haber llegado a la capital bonaerense a bordo del mismísimo helicóptero presidencial.

El jefe de Estado, Alberto Fernández, aún no había regresado de su gira por Francia e Indonesia, donde asistió en Bali a la cumbre del Grupo de los 20 (G-20), y Cristina utilizó entonces la aeronave oficial para trasladarse hasta el estadio Único Diego Armando Maradona, el mismo escenario en el que lanzó hace casi dos años su ruidosa frase sobre «los funcionarios que no funcionan» (o no funcionaban) en la coalición gobernante.

Cristina Kirchner y sus más fieles seguidores bonaerenses compartieron la cena en la residencia del gobernador Axel Kicillof y posaron para la foto, después del acto «cuasi opositor» del jueves.

En el ejercicio de la Presidencia, la ex mandataria encabezó en La Plata una «misa kirchnerista» de ribetes nostálgicos en la que insistió, como se esperaba, en que «todo tiempo pasado fue mejor» y apelando a «la fuerza de la esperanza« -el lema central del acto- buscó mostrarse convencida de que «recuperar la alegría» es posible en la Argentina, gobernada actualmente por una gestión que ella misma integra.

En ese marco, otorgó un espaldarazo adicional al operativo clamor que promueve la militancia K para que sea candidata a jefa de Estado en las elecciones generales del año que viene, con su hijo Máximo Kirchner y la intendenta de Quilmes Mayra Mendoza subidos a un para-avalanchas del estadio y cantando «Cristina corazón, acá tenés los pibes para la liberación«: el diputado nacional acusa 45 años y la joven líder comunal, 38, a punto de cumplir 39. Son jóvenes, aunque ya no tan «pibes» por cierto.

Obviamente que no es casual que Cristina se esfuerce por generar, al menos desde lo discursivo, cierto atisbo de esperanza en la sociedad o en sus seguidores como mínimo, habida cuenta de que las expectativas -principalmente económicas- de la población suelen jugar un rol fundamental cuando la ciudadanía es convocada a las urnas y en la Argentina actual dista de ser alentador el panorama con vistas al corto y mediano plazo.

Hoy por hoy, el objetivo electoral de máxima del kirchnerismo es conservar el poder en la Nación, pero el de mínima es no perder la provincia de Buenos Aires, territorio en el que incluso planea «refugiarse» el cristinismo en el caso de que el veredicto de las urnas determine en 2023 el punto final del gobierno de Fernández. Distintas encuestas muestran actualmente a Diego Santilli, de Juntos por el Cambio (JxC), como una amenaza real para las aspiraciones de reelección de Axel Kicillof en el estratégico distrito bonaerense.

Quizá por este motivo, ya que es harto improbable que existan las casualidades en un acto encabezado por Cristina en los albores de una nueva campaña electoral, la vicepresidenta decidió que era el momento y en lugar indicados para hablar de la inseguridad que asola a vastos sectores de la sociedad y golpea especialmente a los más humildes y vulnerables: es decir, a esa porción del electorado a la que históricamente el peronismo ha dirigido y enfocado en especial sus retóricas proselitistas.

O sea, está claro que cualquier ciudadano puede ser víctima de un hecho delictivo, pero la inseguridad como flagelo estructural afecta especialmente la vida de quienes residen en los barrios más postergados del tejido urbano nacional en un país desigual como la Argentina o en aquellos en donde el crimen organizado domina el territorio en complicidad probablemente con funcionarios públicos y fuerzas estatales de seguridad.

Una lucha «contra la Policía»

«Nosotros estamos convencidos de que la lucha contra la inseguridad no es con la Policía (Bonaerense), es contra la Policía», dijo una fuente cercana a un intendente del populoso Gran Buenos Aires. En La Plata, la propia Cristina se expresó en términos similares, dejando incluso de lado sigilosamente la llamada «doctrina Zaffaroni» (de perfil garantista), profesada por el ex juez de la Corte Suprema de Justicia Eugenio Zaffaroni y vitoreada como una suerte de dogma progresista en alguna otra ocasión por referentes kirchneristas.

«Es cuestión de tomar una decisión política y avanzar en esa dirección», agregó la fuente consultada. Esa determinación, lógicamente, debe provenir de la cúpula del Estado y ser lo suficientemente robusta como para no solo sostenerse en el tiempo sino, más importante aún, poder capear las consecuencias de ir a enfrentar eventuales casos de corrupción policial.

Cristina cuestionó el accionar de las fuerzas del orden durante el discurso en la capital bonaerense, aunque en el marco de un acto montado en clave electoral, sus comentarios sobre la inseguridad bien podrían «leerse» como una necesidad de su parte de comenzar a expresarse en términos concretos acerca de una de las principales preocupaciones de la sociedad, como lo demuestran múltiples encuestas, junto con la inflación. Además, se trata de uno de los pilares de la campaña proselitista que lleva adelante la oposición en la Provincia.

Al menos esa fue la primera impresión que generaron sus palabras. Es decir, remiten probablemente más a un oportunismo de carácter electoralista que a una voluntad real de empezar a tomar el toro por las astas. De cualquier modo, en líneas generales la presentación de la vicepresidenta en La Plata, con miles de simpatizantes clamando por su regreso triunfal a Balcarce 50 en 2023, dejó revoloteando más dudas que certezas en cuanto al futuro inmediato del Gobierno, en medio de una coyuntura de por sí alambicado puertas adentro en el oficialismo.

La buena noticia es que Cristina y el presidente Fernández volvieron a comunicarse días atrás, con motivo de la indisposición que sufrió el primer mandatario durante su estadía en Indonesia. Este mismo sábado el ex jefe de Gabinete kirchnerista se realizó un estudio endoscópico debido a una gastritis erosiva que lo aqueja y los médicos le sugirieron hacer reposo.

La mala (noticia) es que el estado de salud del primer mandatario podría condicionarlo en sus funciones, en momentos en los que se esfuerza por mantenerse en el centro de la escena y así defender sus pretensiones de pugnar por una reelección el año que viene.

Esta situación, además, se produce en un contexto que muestra a Cristina habiendo ganado una elefantina dosis de centralidad política en el seno del Frente de Todos (FdT), mientras se desinfla cada vez más la pompa inicial en torno de la figura de Sergio Massa como «superministro» de Economía.

Asimismo, al término de su exposición en la llamada «Ciudad de las diagonales», la vicepresidenta se reunió con dirigentes y jefes comunales peronistas -que reclaman más dinero para abrillantar sus gestiones durante el año electoral 2023- en la residencia del gobernador Kicillof. En ese marco, según se pudo averiguar, elogió la tarea del ministro de Obras Públicas de la Nación, Gabriel Katopodis, también presente en el cónclave y que aspira a competir por un cargo legislativo nacional el año que viene, como candidato bonaerense -ubicándose en un lugar destacado de la boleta, llegado el caso-.

De todas maneras, aún resta un considerablemente largo camino por delante para el oficialismo antes de los próximos comicios generales, con desafíos pendientes de resolución que se acumulan y tensiones palaciegas que amagan con acrecentarse.

Un futuro inmediato incierto

Pues bien, ¿Cómo seguirá adelante la coalición de Gobierno y cómo sobrevivirá el país a la interna que probablemente se avecine en el oficialismo con vistas a las próximas elecciones? Está claro que ni Fernández ni Massa lucen hoy en condiciones de desplegar por sí solos un acto de las características del que realizó la «Jefa» del FdT en la capital bonaerenses, en momentos en los que referentes kirchneristas reclaman al presidente que se encolumne por detrás del poder real que ostenta Cristina.

Pero también está claro que la vicepresidente es responsable de sus fallida invención electoral de 2019, a pesar de que ahora busque jugar un rol de «comentarista» equidistante de la realidad.

Asimismo, en filas oficialistas existen quienes creen que volvió a equivocarse al designar a Fernández como candidato a presidente hace tres años, más allá del éxito electoral sobre el macrismo, como sucedió tiempo atrás con Julio Cobos, Amado Boudou o bien con Carlos Zannini, grillete de Daniel Scioli en la fórmula presidencial kirchnerista de 2015.

A propósito de Zannini, su ex número dos en la Secretaría de Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación Carlos Liuzzi acaba de ser sobreseído por el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi en una causa por presunto enriquecimiento ilícito que se prolongó por una década: en la denuncia que motorizó la investigación a Liuzzi se lo acusaba de haber multiplicado desaforadamente su patrimonio -¡en 38 veces!- durante su paso por la gestión pública.

¿Qué sucedió? Un perito contador oficial llamado Héctor Roccatagliata se abstuvo, según consta en el fallo judicial, se presentar en tiempo y forma un «informe concluyente» sobre la fortuna que logró amasar Liuzzi mientras se desempeñaba como subsecretario de Zannini, por lo que Martínez de Giorgi dio por concluido el caso: ¡archívese! Dicho sea de paso, la última residencia conocida del acusado es una mansión en Marbella, en España… ¡y olé!.

Volviendo al punto, al presidente Fernández los médicos le recomendaron descansar primero y luego retomar en forma paulatina su agenda de actividades habituales, mientras en el Gobierno le encienden velas a la «Scaloneta« en vísperas del comienzo del Mundial de fútbol de Qatar 2022: la Selección argentina lleva como favorita tras haber ganado la última Copa América, su primer título oficial en 28 años.

De todos modos, es poco probable que la burbuja mundialista, al menos en lo inmediato, genere un efecto dispersor lo suficientemente potente como para perder de vista los embates del impiadoso aumento del costo del vida en la Argentina y acallar el ruido político que producirá el fallo en la causa por presuntos actos de corrupción en la concesión de obra pública en Santa Cruz entre 2003 y 2015 que tiene a Cristina sentada en el banquillo de los acusados: se espera que el veredicto se conozca durante la primera quincena de diciembre próximo.

Un Mundial de fútbol, en un país exitista al extremo como lo es la Argentina, y una sentencia judicial que involucra a la figura política más gravitante del momento en el ámbito nacional, en una sociedad atravesada por la «grieta»… Y además en un contexto económico crítico, con una inflación anual que podría alcanzar los tres dígitos en 2022… ¿Alguien podría imaginarse un escenario más espeluznante para cerrar el año? «Solo en la República Argentina»…


   (*) – Director periodístico de la agencia Noticias Argentinas (NA).