Hay una realidad que existe y es que el narcotráfico es una problemática de la que se habla poco y nada. Lo cierto es que con la cuarentena que se inició en 2020, la comercialización de estupefacientes encontró un refugio ya que se expandió en diversas regiones, como el conurbano bonaerense y continuó su crecimiento en Rosario.

La imposibilidad de circular, la pérdida de poder adquisitivo de los empresarios, de los comerciantes, llevaron a que las bandas narco restringiesen la calidad de la droga, la cantidad de venta y la conservación de un territorio determinado. Sin embargo, con la relajación del aislamiento, estas bandas están intentando volver «a la normalidad».

De acuerdo a un informe de la Drug Enforcement Administration (DEA) y otro de la Organización de Estados Americanos (OEA), desde 2021 aumentó el consumo ilegal de fentanilo, un opiáceo de origen sintético utilizado en medicina y que, cabe recordar, fue el causante de la muerte de 24 personas en la villa Puerta 8 de la Provincia de Buenos Aires.

Tal como se sabe, si hay narcotráfico, hay disputas entre distintas bandas comercializadoras. Tal es así, que, durante la pandemia, la tasa de homicidios se elevó un 5% con respecto al 2019, superando también la cifra de 2018. Según el especialista en narcocriminalidad, Edgardo Buscaglia, en la Argentina hay tanta ausencia por parte del Estado, que eso es lo que fomenta el accionar de estas organizaciones criminales trasnacionales.

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, en 2018 alrededor de 269 millones de personas habían consumido algún tipo de droga al menos una vez en el año anterior. En 2019, esa cifra aumentó a 275 millones de personas para las edades comprendidas entre los 15 y 64.

El informe también arroja que los diferentes mercados latinoamericanos de droga se vieron afectados de distinta manera por el «Covid-19», dado que el tráfico de heroína no sufrió demasiados altibajos, mientras que el de cocaína se redujo durante el segundo trimestre del 2020, producto de la disminución de la oferta de los países productores.

En pandemia

Los expertos coinciden en que el exponencial crecimiento del consumo de drogas y alcohol en pandemia se trata de otra consecuencia indeseada del confinamiento por el que tuvo que atravesar tanto la Argentina como el resto del mundo.

Según la entidad Alcohólicos Anónimos (AA), el 5% de la población argentina transita entre los niveles de abuso y dependencia, y la franja etaria con mayor vulnerabilidad se encuentra entre los 25 y 35 años. La coordinadora de esta entidad, Corina Carabajal, aseguró que se registró un notable crecimiento de las consultas recibidas y que la pandemia y el confinamiento fueron todo un desafío.

De cada 22 víctimas en accidentes de tránsito que se registran a diario en Argentina, 9 ingirieron alcohol y drogas

La Organización Panamericana de la Salud (OPS), afirmó que: “Los síntomas de ansiedad se relacionaron con una mayor frecuencia de consumo excesivo de alcohol, un mayor consumo de alcohol socializando en línea y con beber antes de las 5 de la tarde. Aparentemente los ingresos más altos estuvieron más asociados con todos los comportamientos relacionados con el consumo del alcohol estudiados».

De acuerdo al Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos que coordina el defensor del Pueblo Adjunto bonaerense, Walter Martello, Argentina es el tercer país de América con mayor prevalencia de Consumo Excesivo Episódico (CEE) de alcohol en jóvenes de entre 15 y 19 años.

En 2020, el organismo de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación – SEDRONAR, destacó, en conjunto con 7 universidades, que el alcohol, los medicamentos auto prescriptos y el tabaco son las tres sustancias legales que más se consumen en Argentina. Además, arrojó que el 34,1% de los encuestados reconoció haber consumido marihuana en 2020.

¿Qué plantean los políticos frente a esta problemática?

El 12 de mayo, se llevó a cabo el Encuentro de Jueces Federales en Rosario, una de las zonas que se ve más afectadas por el narcotráfico. Allí, el líder del peronismo republicano Miguel Ángel Pichetto, le solicitó a los jueces del máximo Tribunal que visiten La Matanza y se refirió a ese lugar como «Sinaloa».

Por su parte, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y del Consejo de la Magistratura, Horacio Rosatti, aseguró que hay «falta de coordinación entre los que deben investigar» y que esto es «funcional al crecimiento del delito». Además, se refirió a lo que sucede en las cárceles federales que dependen del ministerio de Justicia de la Nación: «No se puede permitir que la cárcel controle la calle. Hay que hacer inteligencia inteligente en las prisiones y dentro del marco democrático para que eso no suceda».

Es que sin «vocación política», tal como lo afirmó Rosatti, es muy difícil enfrentar un fenómeno tan grande y que cada vez está más en ascenso como lo es el narcotráfico. «Para enfrentar el narcotráfico con eficacia hay que hablar de algo más. Hay que hablar de la necesaria decisión política para enfrentarlo», sostuvo.

Lo cierto es que el Estado argentino se preocupa más por la persecución al consumidor, que a los narcotraficantes. Si bien esto no significa que haya que legalizar el consumo de drogas, hay que atacar desde el principio la causa que lo genera.